Disfrutar
de una luna azul es un fenómeno que
tiene lugar unas 40 veces en un siglo, es decir, "once in a blue
moon" -muy de tarde en tarde- y este mes disfrutamos de una de ellas.
El
concepto de "luna azul", aunque discutible, significa que en un mes
se producen dos plenilunios. Este agosto tuvimos el
primero el día 1. Hoy gozaremos del segundo. Quizás la luna no se vea azul (o sí,
si las condiciones atmosféricas lo propician), pero, en todo caso, por fuerza
será auspicioso. De hecho, en muchas culturas se practican rituales mágicos
para favorecer la toma de decisiones, ya que se considera éste un momento excelente
para plantearse nuevos propósitos (como acabar
con situaciones que no tienen futuro) y así cambiar el rumbo de nuestras vidas.
El
simple hecho de poder conectarse con millones de personas mirando a la luna en
todo su esplendor, es digno de ser vivido
plenamente... a ser posible, desde un lugar mágico, elevado y oscuro. Si además estamos en buena compañía, puede que quedemos hechizados y nos sintamos volar hacia ella.
La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz,
bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.
En el agua empozada te apareces de Julia Prilutzky
En el agua empozada te apareces.
Tu imagen se empecina
y el viento la sacude sin borrarla
y el rumor de las hojas
vuelve a clamar tu nombre,
mientras tu rostro surge como máscara
sobre todos los rostros de la tierra
y tu caricia brota en toda mano.
Perfiles desgarrados
en el agua tiritan:
¿cómo llamarte ahora, con qué nombre
-muerto de toda muerte,
sonrisa desterrada,
inviolado temblor que se desliza-,
si ya no queda nada más que arena?
Y nada más que cielo
sobre el dormido estanque
donde voy rastreando
qué queda de tu vida. Y de la mía.
¿Cómo clamar tu réplica perdida,
tu lapidado corazón en llamas,
tu aventada ceniza,
tu amor que no fue entero ni entregado,
la no ardida pasión, no devorada,
la piel que ya no existe,
el detenido impulso de la sangre
y la petrificada melodía
de tu voz sin matices?
Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás, el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.
Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro,
el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajenidad te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.
No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinado.
Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su víctima
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño... su dueño... su dueño...