martes, 30 de diciembre de 2008

Sol en una habitación vacía

Cuadro: Sun in an Empty Room by Edward Hopper, 1963
The room feels inhabited by "nothing that is not there and the nothing that is."
Wallace Stevens
Es la última gran obra de Hopper. Cuando la pintó tenía 81 años. Ese flujo de luz sobre el suelo arrastra una carga emocional llena de optimismo. No es una habitación desangelada, es un espacio preparado para ser decorado, para ser habitado.

Foto: Encuadre 72, Julián Muriel

No es por ponerme trágica, pero sé que, un buen día, puede pasar. Hoy todavía soy capaz de decir a qué día estamos. Es martes, mañana acabará este año. Con su crisis y todo, no quiero despedirme de él. Llegar al 2009 es como deshacerme de un mueble más. Al final, la habitación se vaciará y, con suerte, sólo le quedará un buen rayo de sol. Espero que sea lo suficientemente intenso. Espero que su luz me permita encontrar la puerta que da al camino final ...y yo atine a salir por ella sin molestar.
No es por ponerme trágica (sonrío por dentro). Es que mi hija me preguntó "¿Qué día es hoy?" Y yo no lo dudé.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Mi primer amor cumple 65


"Cuando canta, le tiembla el corazón en la garganta", Joaquín Sabina




Así le amaba yo, y su amor acompañó mis sueños de adolescente y mis desgarros de juventud. Yo le amaba, ya lo creo que le amaba. Y de eso queda una extraña ternura y un agradecimiento infinito a toda la riqueza que me aportó.




Así le recuerdo, vestido de negro, con la guitarra colgada en bandolera y subido a su taburete. El pelo largo sin peinar. Y una sonrisa que abría las carnes. Sólo una vez lo vi en directo. Lo único que no puedo precisar es el año -1974 o 1975- lo demás lo recuerdo como si fuera ayer. Verano, en el auditorio del Parque de Atracciones. Fui con mi hermana. Tuvimos que esperar muchas horas, pero logramos estar en primera fila. Grité, lloré y me deshice sin saber muy bien por qué. Nunca antes, nunca después, viví algo parecido. Hoy, milagro de la ciencia, casi puedo verme entre el público de hace ya ... más de30 años.




¡Felicidades Serrat!

martes, 23 de diciembre de 2008

sábado, 20 de diciembre de 2008

Sentidos


Fotos: Cristina Catarecha, Kiko, Dieter y otros



Cuando era niña, ayudar a colgar la colada en verano era todo sabor y olor y sonido - la sequedad de la madera áspera de las pinzas en mi boca, la suavidad de los tréboles aplastados bajo mis pies desnudos, las suaves brisas agitando toallas y advirtiendo de la llegada de tormentas vespertinas...

Linda Leinen, The Task at Hand

Resulta muy curioso el desarrollo que alcanzan los demás sentidos cuando uno de ellos se nos pierde. Y cómo perdemos esa conexión con los sentidos cuando nos hacemos adultos –observando a los críos, se puede comprobar el gran cambio que se produce en nuestra manera de percibir al ir haciéndonos mayores. También es muy significativo cómo perdemos el olfato cuando estamos deprimidos (anosmia se denomina). Y si al intentar oler una flor estamos pensando en algún acontecimiento pasado o preocupados por algo que pueda suceder, el olor de la flor desaparece. La flor sigue ahí, pero nosotros no somos capaces de sentirla, puede que ni de verla.

En cambio, cuando vivimos el momento con toda intensidad. Cuando logramos estar plenamente en lo que estamos, los sentidos adquieren una relevancia inaudita. Los colores, olores, sonidos, se intensifican hasta, en ocasiones, hacernos llorar. Pero, si en esos momentos verbalizamos lo que sentimos, la magia se desvanece. Salimos del instante.

La vista es, sin duda, el sentido que más utilizamos, sobreutilizamos diría yo, y con ello, los demás queden infrautilizados. Sin embargo, si me dieran a elegir uno de los sentidos, me quedaría con este. Sin leer mi vida quedaría desprovista de la mayor parte de sus nutrientes. Afortunadamente, hoy tenemos a nuestra disposición los podcasts que serían un sucedáneo bastante aceptable.

El sexto sentido es la intuición, que tanto nos falla -mucho más que los demás sentidos. Y éste tiene de malo que no podemos entrenarlo. De hecho, a mayor entrenamiento, menor intuición. Esperemos que, la mucha o poca que tenemos, nos acompañe hasta la tumba.

Silencios

Foto: Rolex

"Remember that silence is sometimes the best answer."

Dalai Lama


La buena música, por bella que sea, está plagada de silencios, que son igual de hermosos y tan necesarios como sus correspondientes notas. Los silencios, en el lenguaje musical, sirven para medir la duración de las pausas, es decir, son notas no ejecutadas.

Mucha gente tiende a no soportar el silencio, se procuran sonidos constantes de fondo (música, radio, televisión) que les acompañen, que les impidan sentirse solos. Algunos llegan incluso a necesitar el ruido para dormir y apagándolo se despiertan. Mucho menos aún, nos sentimos cómodos con el silencio -salvo en contadísimas ocasiones- en una conversación. Con frecuencia nos apresuramos a contar algo para rellenar el vacío y, con la misma frecuencia, dejamos de escuchar a los demás porque estamos concentrados en lo que vamos a decir. Por eso me gusta la soledad, porque, al permitir la entrada del silencio, nos entrena la capacidad de atención. El silencio es, pues, intrínsecamente valioso.

Lo opuesto al silencio, el ruido, especialmente el interior -que es el peor de todos los ruidos- nos distrae de lo verdaderamente importante. Esos ruidos internos son creados por nuestros propios pensamientos (de temor, angustia, expectativas, proyectos, iras, etc. etc.) Pero, estamos tan acostumbrados a sufrirlos, que no nos damos cuenta de que nos inundan. Sin embargo, no tendríamos por qué vivir con la cabeza atrapada por ellos , a pesar de que parar esa incansable máquina de pensar es tarea ardua. Ardua, pero posible. Silenciar nuestra mente tiene un resultado comparable al del alivio que se siente al detenerse un ruido de fondo, soportado, de forma mantenida, durante un buen rato. Es un momento “ahhh”. Por lo que respecta al bullicio, siempre me ha molestado, aunque, en realidad, sé muy bien que lo que más me perturba es mi propia actitud hacia el ruido.

Hace años se escuchaba el slogan de “La arruga es bella”. Yo añadiría “... y el silencio maravilloso."


Fotos: eMi, Ricardo Emilio Bianco, Giomede, Rolex, Antonio Zamora

domingo, 14 de diciembre de 2008

Fuera del tiempo


Foto: Fuera del tiempo, eMi


“Aún no había cumplido siete años y ya sabía que la lenta melopea de las pequeñas partículas algodonosas prefigura lo que siente el corazón durante una gran alegría. La duración se ralentiza y se dilata, el ballet se eterniza en la ausencia de obstáculos, y cuando se posa el último copo, sabemos que hemos vivido ese instante fuera del tiempo que es la marca de las grandes iluminaciones. A menudo, de niña, me preguntaba si estaría a mi alcance vivir instantes semejantes y hallarme en el corazón del lento y majestuoso ballet de copos, liberada por fin del tedioso frenesí del tiempo."



Muriel Barbery, La elegancia del erizo


La primera nevada de la temporada ya está aquí. Es como un milagro que no deja de sorprenderme a pesar de su reiteración casi anual. Experimento una alegría intensa que me hace mirar al exterior y anula el deseo de salir. Miro hacia fuera y veo mi interior, con la certeza de saber que los días venideros serán míos. Yo y nadie más que yo los poseerá. Tiempo de ocio y relajación en el que leer, indagar y, sobre todo, dormir sin despertador serán la prioridad. En tardes de domingo como ésta, que son el anticipo de los días por venir, siento una alegría similar a la que me sobrevenía al recibir la nieve cuando era pequeña. Y siento, además, la dicha añadida de ver caer los copos con los mismo ojos de mis 7 años.

Inmersa como estoy en esta
“agua negra profunda, helada y exquisita del instante fuera del tiempo” la vida se me figura inmortal.
(…)


domingo, 7 de diciembre de 2008

Caminos




El Gato sonrió al ver a Alicia. “Menino de Cheshire”, empezó tímidamente, “¿Me podrías indicar hacia donde tengo que ir desde aquí?” -”Eso depende de a dónde quieras llegar” contestó el gato. “A mi no me importa demasiado a donde” replicó Alicia. “En ese caso, da igual hacia donde vayas” -“Siempre que llegue a alguna parte” aclaró Alicia. -“¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte, si caminas lo bastante”.


Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll

Donde el camino

Andar sin prisa,
siguiendo una dirección imprecisa,
con el propósito de llegar a ningún lugar
-dondequiera que yo esté, están mi sueños.

Caminar teniendo por objetivo cada instante.
Pasear la vida en vez de recorrerla.
Disfrutar de los sentidos que el paisaje despierta.

A veces guijarro, para detenerme.
Otras, hoja muerta,
para dejarme llevar donde el viento quiera.

Y perderme,
sin oponer resistencia.
Gozando del momento de volver a empezar
cuando el camino se cierra.


martes, 18 de noviembre de 2008

Dos

Fotos: Cristina Catarecha, Cristina MR, Rolex, Little Sunrise y Arturo Carrasco


Entre tú y yo
no hay un mundo,
ni puntos ni rayas,
ni siquiera muros.

Entre tú y yo,
tan sólo el aire.
Brisas que el ayer se lleva
dejando escalofríos.
Vientos que van y vienen,
como las tormentas del estío.

Entre tú y yo, mi vida,
hay olor a ropa tendida
y a puchero.
Olores que a fuego lento
despiertan tu hambre y el mío.
Cuerdas prendidas del cielo
donde colgar nuestros besos.

Entre tu yo y mi yo,
ausentes conchas marinas,
empeñadas en seguir jugando,
se esconden por los recodos
para habitar el misterio.

Entre tú y yo, amor mío,
Ya no hay cadenas.
Sólo el vigor,
la fuerza que nos confiere el tiempo.

martes, 11 de noviembre de 2008

El Otoño se mira en el espejo



Foto: El Otoño se mira en el espejo, Arturo Carrasco


¿Quién no comería de esta fruta? ¿Quién no querría tenerla en su cocina para olerla, observarla, o incluso atreverse a preparar una estupenda ensalada con ella? ¿No sería ésta la fruta con la que Eva tentó a Adán? ¿Quién no habría deseado hacer esta foto? ¿Quién no le daría un premio a su autor? ¿Cómo se siente uno cuando, al abrir el periódico, ve una foto suya? ¿Qué se piensa al entrar en un blog y encontrar un homenaje que te describe como una bella persona?

Hace unos días yo también recibí un premio que me colmó de alegría. Nunca antes había recibido un premio- ni siquiera ganado un sorteo-, quizás por eso, éste fue para mi muy especial. Me lo concedía Linda, desde Texas, donde barniza barcos y escribe como una auténtica profesional.

Mis urgencias cotidianas me impidieron cumplir con las normas del premio y sacar tiempo para otorgárselo a otros 5 blogs -de hecho, todavía no he podido acercarme a The Task at Hand para agradecerle a Linda su detalle.




Por si esto fuera poco, anteayer recibí otro regalo. Directamente de su autora, Cristina Catarecha, me llegó otra foto. Otra "pequeña" maravilla, captada con el corazón. Un par de espigas cargadas de rocío (me las reservo para una entrada especial), acompañadas, al día siguiente, de estas preciosas palabras con las que explicaba su regalo:

"Buscando la manera de componer la foto, al acercarme, vi esa gran cantidad de gotas de rocío que habían pasado desapercibidos en un primer momento (mi vista deja mucho que desear). Buscaba una espiga, o dos, que fueran protagonistas de la toma sin que entraran más elementos en la imagen. Mi pensamiento, al ver la formación de la espiga, fue que, lo que aparentemente era un solo elemento (alguien en soledad), en realidad estaba formado y arropado por cientos de gotitas que le conferían una belleza especial. Somos lo que leemos, lo que observamos, lo que percibimos; los afectos de nuestros amigos, de nuestra familia e incluso los de aquellos desconocidos que nos brindan, en un momento dado, una sonrisa, un gesto amable nos rodean y nos acolchan la existencia arropándonos y acompañando nuestros días. Somos las espigas y todo lo demás, que muchas veces ni siquiera vemos, es lo que evita la soledad y da sentido a nuestra vida; son esas pequeñas gotas de rocío. "


Como soy un poco anarca, me salto las reglas del premio de Linda (perdóname, Linda) y le concedo mi premio bloggero a los blogs que me han hecho descubrir este fascinante mundo "irreal" y a todos aquellos que me leen y comentan, en público y en privado, por email y por teléfono, con la sensación de que formamos una comunidad virtual.

Mi agradecimiento ha de ser en primer lugar para Ana, de Diablillos emocionales. Como ya he contado en otras ocasiones, su blog fue un amor a primera vista. Fue, y sigue siendo, mi inspiración. Sus poemas me llegan con tanta fuerza como los del mismísimo Ángel González y son ellos los que me hacen desear algo que nunca me había interesado: escribir para compartir. Además, admiro profundamente a Ana, su sensibilidad carente de afectación o ñoñería

En segundo lugar, mi agradecimiento va para Rolex, de Fotos no! por favor. Es la persona que más me ha animado y empujado a mantener este blog -me tira de las orejas cuando tardo mucho en publicar. Llevo la friolera de 32 años admirando sus fotos. La calidad técnica de sus tomas y la originalidad de su mirada combinan a la perfección con la poesía de sus títulos.

Tengo claro cuáles son mis otros dos blogs de cabecera. No puedo decir que uno antes que el otro. Cronológicamente, no lo recuerdo, y en mis preferencias no puedo diferenciarlos. Pero, ¡Son tan distintos! Con el de Isago, en Cosas que hacen que la vida valga la pena, me transporto a un mundo mágico, oriental, viajero, mientras que al recorrer los diversos blogs de Arturo, piso en tierra firme. Vuelvo a la realidad, pasada y presente gracias a sus Palabras de arena. Si con Isago puedo revivir viejas películas, Arturo me ayuda a recordar libros y autores leídos en mi más remoto pasado, así como canciones escuchadas en el inicio de los tiempos. Por no hablar de sus fotos, que van cogiendo cuerpo y tienen la garra que puede apreciarse en esa granada.

Desde esas arenas, llegué a Cristina Catarecha y su Occulus Habilis, en donde disfruto de lo que veo tanto como de lo que leo, por no enumerar los detalles que ponen de manifiesto que se trata de una persona con unas cualidades humanas poco frecuentes.

Otro descubrimiento, de hace tiempo, es Dorvisou, gallego capaz de sacarme una carcajada o una sonrisa de ternura. Paco Penas, nunca me deja indiferente. Me contagia su amor a la vida.

Especial agradecimiento a Giomede y su Hobbyfoto, donde casi es posible percibir el olor de flores increíbles, plasmadas, no sé cómo, en sus fotografías.

Por último, y no menos importante, quiero destacar a la brillante y sagaz Vailima, de La Divina Comedia de Vailima, adonde acudo para echarme unas risas gracias a su humor inteligente. Su capacidad de observación y su forma de interpretar el arte atraen a los lectores como la miel a las moscas.

Venía cansada, derrotada diría yo, pero, al ver esa granada de Arturo y leer su email comunicándome la hazaña, me he dado cuenta de todo lo acompañada y arropada que puede una estar rodeada de desconocidos.




domingo, 2 de noviembre de 2008

Wedding Impérial


"On boit le thé pour oublier le bruit du monde"
Tien Yi-Heng

"Hacía ya muchos años que no existía para mí de Combray más que el escenario y el drama del momento de acostarme, cuando un día de invierno, al volver a casa, mi madre, viendo que yo tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre, una taza de té. Primero dije que no, pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? (...)

Estoy tomando mi té favorito (“Wedding Imperial” de la casa Mariage Fréres) mientras oigo llover fuera. Doy sorbitos mirando por la ventana y me acuerdo de la magdalena de Proust. El otoño tiene para mí su mismo poder evocador. Cada año, llegado este momento, miro hacia atrás y me veo, me recuento, me reencuentro. Por primera vez este año, me tomo tiempo y lo anoto. Y hasta tengo el atrevimiento de convertirlo en una entrada y compartirlo.
He pasado por amores y pérdidas (más amores que pérdidas), gozo y dolor (más gozo que dolor) y mi vida está llena de muchas cosas buenas, y, sobre todo, optimismo. A punto de cumplir los 50 – a punto significa que dos años pasan en seguida- todavía no he averiguado quién soy, por qué soy yo y no otra, ni qué hago aquí. Salvador Paniker dice que cuando alguien se hace esas preguntas es que ha dejado de vivir intensamente. No lo sé. Puede que sea así. Sólo sé que todavía no me quiero ir. Me gusta la vida, con todas sus contradicciones y desavenencias. Lo cual no quiere decir que tenga el más mínimo temor a la muerte. La muerte ni me impone, ni me asusta.
Rechazo con todas mis fuerzas el odio, el miedo y la avaricia y no creo en la maldad. Tengo el firme convencimiento de que cuando alguien hace daño actúa así por desconocimiento, desesperación, odio, miedo o avaricia. O por alguna otra razón que nadie puede llegar a comprender. Pero, si aquél que hizo daño, también en otros momentos, con toda seguridad, hizo bien, no parece justo descalificarlo en su totalidad.
Quizás sea por eso que me resulta sencillo querer, sentir cariño y afecto. Amar. Me refiero al amor incondicional, -no el que va asociado a la complicidad, la necesidad o la desesperación. Siento amor por casi todas las criaturas, aunque en miles y miles de ocasiones soy demasiado torpe o dejada para demostrarlo.
Por la misma razón, nunca he sido capaz de odiar a nadie, y eso que, hace años, mira que lo intenté – casi lo logro con un par de seres que me eran, en el fondo, desconocidos. Ahora he desistido. No es que me lo prohíba o lo reprima. Es que espontáneamente no me sale. A los enfados trato de mantenerlos a raya y a los manías personales no alimentarlas. Eso no significa que no tenga mis obsesiones. He de confesar que de estas tengo bastantes.
Hay dos cosas que no soporto: La física y la grasa. Lo de la física me viene de mi época de colegiala. Seguramente se lo debo a “La Olga”, que se veía obligada a enseñarnos física a pesar de ser licenciada en químicas. En cuanto a lo de la grasa, la detesto en todas sus manifestaciones, especialmente la de la cocina. Curiosamente, me encanta la gente gorda. Y no porque tengan un carácter bonachón como se dice, sino porque estéticamente me resulta agradable la gordura bien repartida. Sin embargo, me repugna la grasa de algunas ideas: racismo, xenofobia y homofobia me repelen como se repelen el agua y el aceite.
Uno de mis lados oscuros es el exceso de seguridad. Decía Betty Davis que el mundo no perdona a las personas, mejor dicho a las mujeres, que tienen un exceso de seguridad en sí mismas. Mi seguridad es sólo aparente y limitada a cuestiones relacionadas con la vida cotidiana. En realidad, voy por el mundo preguntándomelo todo y pidiendo permiso. Pero, no se me nota.
Ha cesado la lluvia.

(...) Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no está en él, sino en mí. E1 brebaje la despertó, pero no sabe cuál es y lo único que puede hacer es repetir indefinidamente, pero cada vez con menos intensidad, ese testimonio que no sé interpretar y que quiero volver a pedirle dentro de un instante y encontrar intacto a mi disposición para llegar a una aclaración decisiva. Dejo la taza y me vuelvo hacia mi alma. Ella es la que tiene que dar con la verdad. ¿Pero cómo? Grave incertidumbre ésta, cuando el alma se siente superada por sí misma, cuando ella, la que busca, es justamente el país oscuro por donde ha de buscar, sin que la sirva para nada su bagaje. ¿Buscar? No sólo buscar, crear. Se encuentra ante una cosa que todavía no existe y a la que ella sola puede dar realidad (...)”



Marcel Proust, Por el camino de Swann de En Busca del tiempo perdido

viernes, 24 de octubre de 2008

Gatos

Foto: Autor desconocido

Foto: Gato veneciano, Julius

Alguien, hace mucho, mucho tiempo, me explicó algo que, entonces, yo no estaba preparada para comprender. Lo oí, lo entendí, pero, sin ser consciente de ello, no lo comprendí. “He vivido varias vidas”, me vino a decir.

Años después lo intuí. Transcurrieron, al menos, un par de mis vidas antes de darme cuenta de lo que aquellas palabras, en realidad, significaban.

Ya no sé por cual voy ahora, pero, desde luego, llevo varias - y espero que todavía pueda vivir alguna más. Al menos quisiera aguantar hasta 7. Esas son las que, se dice, tienen los gatos.

Y 17 fueron los años que Uzzi compartió conmigo. La recogí cuando ya no era una niña- había cumplido 2. Tan bella como arisca y malcriada, era una auténtica diva. Sus relaciones con la gente no eran, en consecuencia, precisamente buenas. Ahora que lo pienso, quizás sólo yo la soportaba. Bueno…, yo la adoraba. No me preguntéis por qué, porque sus caprichos me dieron más de un disgusto.

Sus peculiaridades rayaban en la extravagancia. Al principio, cada dos por tres, se desaparecía. Era su manera de castigarme por mi intento de alimentarla de forma saludable. Pero no hubo modo. Hasta que no le sacaba el jamón de York o el corazón de ternera crudo –cortadito en pequeños dados- no se dignaba a salir. Cuando olía sus manjares favoritos, caminando despacio, como pavoneando su poder sobre mí, salía y devoraba. Por unos instantes, su aristocrática compostura se desvanecía, para reaparecer en cuando dejaba de relamerse. Pronto tuve que renunciar a mis aspiraciones de vida sana.

Las visitas pequeñas eran las peor recibidas. Entonces sí que desaparecía, pero, si algún crío lograba ponerle una mano encima…, no era difícil que saliera con un arañazo de esos que escocían.

La peor parte se la llevaban los animales de mi patio. Los pájaros eran descabezados, las lagartijas desrabadas, las mariposas, ya moribundas, eran tiernamente reanimadas para volver a sufrir el latigazo de su zarpa. Los ratones eran los únicos posibles supervivientes a su crueldad si, por fortuna, llegaba yo a tiempo de rescatarlos, temblorosos, de detrás de los muebles.

Y luego estaban sus celos. Porque también era celosa. Tanto, que era capaz de volcar su letrina en señal de protesta por mi atención a un perro herido, caído desde el balcón por culpa de sus provocaciones. Y es que, la muy puñetera, era bella, consciente de su belleza y provocativa.

En una ocasión, al despertar de una siesta en pleno agosto, me encontré con el cuarto lleno de gatos, que atraídos por su despótico movimiento de rabo, se habían colado silenciosos, con la pretensión de obtener sus cariños. Todo en vano, ya que, operada como estaba, nunca sucumbía a sus pretendientes. La que sucumbía era yo, que me levantaba para ir a trabajar a las 5:30 de la mañana sin haber pegado un ojo por culpa de los lastimeros lamentos gatunos.

Un día, Uzzi desapareció. Adivinó que yo no soportaría verla muerta y prefirió ahorrarme la escena que, con pavor, empezaba a imaginarme, al verla hacerse mayor.

Esa era Uzzi, la abuela. El apodo lo recibió cuando tuvo que compartir cojín con una preciosa gata europea (yo creo que de origen ruso), mucho más joven que ella, llamada Pussi.

Pussi era un cielo con madera de actriz. Llegó a posar para un anuncio de comida para gatos (“Su gato se pondrá las botas”, rezaba el lema del cartel publicitario).

Era tierna, mimosa, antítesis de su madrastra. Una superviviente. Nunca olvidaré los restregones que se pegó contra la vieja Uzzi cuando la rescatamos del jardín de la casa tras haberse caído de la terraza (4 plantas más el bajo). Apenas si cojeó un rato. Tampoco sufrió demasiado cuando se estrapalló contra el cristal, por una vez limpio, de una ventana cerrada. Pussi tuvo peleas callejeras que la dejaron con la piel abierta de par en par y las orejas mordidas. A todo sobrevivió, menos a la distancia que interpuso entre nosotras dos mi maternidad.

Ella misma fue madre. Muy mala en su primer parto. No sabía o no quería alimentar a su “Solita” y tuvimos que sacarla adelante a base de biberón. Después tuvo muchos hijitos más. Todos encontraron un hogar.

Nadie sabe cuánto he llorado su ausencia, ni cuánto consuelo me dieron cuando la soledad todavía no era una grata amiga.



Foto: Uzzi, eMi (arreglos de Rolex)


Foto: Uzzi, Rolex

Foto: Uzzi y Pussi, Julius

Foto: Uzzi y Pussi, Julius




jueves, 16 de octubre de 2008

Cuento para aquiles que no se atreven



Este cuento ganó el segundo premio del concurso literario convocado por la Asociación de Vecinos de Mejorada del Campo, y se lo dedico a aquellos hombres y mujeres que no se permiten ni una lágrima.


Gracias a Mario por compartirlo.

Naufragio por Mario Palmero

Como cada domingo, último de mes, imperturbablemente Don Francisco se sentó en su escritorio, tomó la estilográfica que una vez le regalara su madre, y comenzó a escribir una carta para su hermano. Justo después de haber comido. Como cada domingo, último de mes, desde hacía veinte años, con la misma caligrafía inclinada y metódica con la que escribió la primera.

“Querido Álvaro,
Me impresionó mucho la última carta, sin duda Bali debe ser un sitio precioso. Sobre todo la mujer que me describes que te dio alojamiento (nunca tuviste problemas con las chicas cuando íbamos a las fiestas). Pero ya sabes que yo prefiero las mujeres de aquí. Si vieras a Doña Petra… Sigue igual de bonita, no ha cambiado ni un ápice. Aún se me entorpece el corazón con esa sonrisa suya, que parece un manojo de mariposas y ese cuerpo tan bonito. Tan de mujer. Tú ya me entiendes.
Fui a verla ayer, a la hora del café. Estaba en el bar, bailando entre las mesas con su bandeja de latón abollado. Y no sé por qué me acordé de aquella tarde en que bajamos a las lagunas de Velilla, allá cuando éramos mozos, y te reíste cuando te dije que me dejases tu navaja. ¿Recuerdas?
Ya te digo que no sé por qué, pero después de arreglar mis números, a eso de las siete, cogí la motocicleta y bajé a Velilla. Me palpitaba el alma al ver, ya de lejos, la vereda de los álamos, con sus largos troncos blancos como lanzas con estandartes de verde y alpaca. Uno se siente como un rey solitario en un poema de Darío cuando recorre la grava y la tierra dura que lleva hasta las lagunas.
No sé cómo serán las playas de Bali, Álvaro, ni la Muralla China, ni el Baikal de la Siberia Rusa, pero el sol aquí se tiñe de azúcar y malva y se derrama entre las nubes sobre el agua, que de tan brillante parece mercurio. ¿Te acuerdas cuando Don Justo nos enseñó el mercurio que guardaba en la botica? Igualito es, Álvaro, créeme. Ya sabes que yo no miento.
Y las garzas aún no se han marchado para África, para esos lugares que hace unos años me describías. Cruzaban en grandes bandadas, esquivando mi silueta que desde la tierra las envidiaba. Bajé por el sendero de la izquierda, el que llega hasta la orilla de la primera laguna y allí los pájaros me rodeaban. De tres en tres o de cuatro en cuatro se me cruzaban, hechos de música y júbilo. Entre las islas de carrizos, en aquellos perfectos escondites, se oían los bozinazos graves y guasones de los somormujos, que hacían de bajo a las garzas, que lejos en los dormideros bailaban, jugaban como cometas blancas y alborotaban el atardecer.
Y estaba mirando la infinidad calma del agua cuando un somormujo emergió, con su cabeza de dardo negro perforando la superficie, el esbelto cuello se giró al oírme gritar del susto, y se volvió a sumergir. Y todos los pájaros de los alrededores echaron vuelo y me dejaron en silencio. Un rato más estuve hasta que empezó a oscurecer y me apresuré para tener luz y ver lo que me había sacudido el recuerdo aquella tarde.
Retomé la vereda y me interné en el soto, donde los chopos ya no son damas níveas, si no que se han retorcido y arrugado, y tienen la piel gris de la sombra que, como viejas, se proyectan unos sobre otros. No me costó nada encontrar el nuestro. Cuarenta pasos y girar a la izquierda. Diez pasos más. Ni titubeé, como si el recuerdo, dormido desde hacía veinte años, tomase el control de mi mente, y solapase memorias con realidad. Caminabas a mi lado, tirando de la bici, y a la vez estaba solo entre la espesura. El nexo común era el incendio que sigue devastando mi pecho.
Como lo oyes, Álvaro, aquella herida sigue allí. Sobre el lomo ceniciento. Tú te reíste cuando te pedí la navaja. ¡Y de qué forma!
Estuve un rato más, hasta que cayó la noche y no pude ver la cicatriz pálida y suave, y deshice mi camino bajo las dos o tres estrellas, que aún valientes, se atreven a asomar su brillo por aquí.
Y nada más que contarte, mi querido Álvaro. Sigo esperando el día en que vuelvas y podamos pasear por la vereda juntos. Petra sigue preguntando por ti. Nunca tuviste problemas con las chicas.
Un sentido abrazo,
Francisco Estepalba.”

Estuvo varios minutos reuniendo saliva y luego, de un lengüetazo, empapó el pegamento del sobre. En él, con mucho mimo, como quien se despide de una parte de sí mismo, introdujo los dos folios que había escrito. Seis sellos, como siempre, y en la dirección de destino el remitente de la carta que le envió su hermano. Desde Bali. Y salir a dar un paseo por su pasado.

Llegó el día siguiente como una mujer que poco a poco, en su cama, bañada por rendijas de luz al principio, se despereza con dulzura. El mirlo de siempre cantando en la ventana. Hizo su vida matutina, concienzudamente, hasta que llamaron al timbre. Era Guillermo, el muchacho que recogía el correo de los buzones, que a petición de Francisco siempre venía expresamente hasta su casa a por la carta. La carta del último domingo de cada mes.
-Buenos días, Don Francisco. ¿Tiene la carta?
-Por supuesto.
De la repisa del recibidor tomó el sobre sellado y se lo tendió al joven, para dar paso a un silencio tenso y algo embarazoso. Que al final rompió Francisco.
-¿Te he contado cuando recibí la noticia de que mi hermano estaba muerto? Tú eres demasiado joven para ser a quien le daba yo las cartas por aquella época.
-No, Don Francisco -mintió Guillermo-. Cuénteme.
-Seré breve para no distraerle, joven. De esto hace doce años. Yo me encontraba aquí, en esta misma casa, cuando llegó Don Luís, el policía. Ahora está retirado, vive en la casa que parece de membrillo en la calle paralela a ésta. Y como te digo, vino y tocó, funestamente, mi dulce e inocente timbre. Se quedó negro el botón, ahí como lo ves, del susto. Y va y me dice que mi hermano, Álvaro el valiente, ha perecido en un accidente de barco. Así como lo oyes. Qué mal lo pasé. No dormía, ni comía, estaba seco como un cardo y sospechaba que me llegaría pronto la hora. Ignorante de mí, creerme de verdad que mi hermano había perecido, cuando sé que tiene más vidas que todos los gatos de este pueblo juntos. La sorpresa vino tres semanas más tarde. Me llegó una carta escrita por su puño y letra. Algo temblorosa, eso sí. Pero es que sobrevivir a un naufragio te tiene que cambiar. Me contaba cómo había logrado sobrevivir y había ido a parar a una pequeña isla de la Polinesia. Me dijo que no le hiciese caso a las noticias de su muerte, y que no celebrase funeral alguno. Aunque ya era demasiado tarde. En el pueblo, ya lo irás sabiendo con los años, te enterrarán aunque sólo estés acatarrado.
Ambos rieron con ganas ante el comentario.
-Bueno, Don Francisco, tengo que seguir la ronda. Nos vemos dentro de un mes.
-Muy cierto. Y recuerda que no te debes creer todo lo que te digan, siempre espera a que la verdad salga a flote por sí sola. Adiós y gracias, Jaime.
-Guillermo.
-Adiós y gracias, Guillermo. Y cuida de mi carta, es para mi hermano. Él sobrevivió a un naufragio.


Guillermo tomó la calleja y se acercó con disimulo, como quien comete un delito, a la casa de Doña Petra, que quedaba en la otra punta del pueblo. Se metió entre la madera y la cortinilla de perlas de plástico y golpeó en el marco tres veces, sin ritmo. Al cabo de unos segundos abre Petra la puerta, vestida con una bata malva que parece papel de regalo, incluso tenía un lazo.
-Buenos días, Guillermo, cielo. Qué puntual eres.
-Buenas, Doña Petra. Aquí le traigo la carta de Don Francisco.
Los dedos de ella le produjeron un ligero temblor a Guillermo cuando de sus manos cogió la carta.
-Y te volvió a contar la historia de su hermano, ¿verdad?
-Así es Doña Petra, las palabras ya le salen de memoria.
Una sonrisa dulce como un caramelo le asomó en el rostro a Doña Petra.
-Este Francisco…
-¿Se compró usted ya la televisión por satélite?
-Sí, mira el chisme –dijo Doña Petra señalando la antena parabólica que sobresalía de su tejado-, ahí está, escuchando los rumores de las estrellas.
-Genial. Bueno, Doña Petra, tengo que irme. El mes que viene nos vemos.
-Hasta el mes que viene te espero, Guillermo, cielo.
El chico se fue y ella se quedó unos instantes en la puerta. Olió la carta, inspirando con fuerza. Después se metió en casa, puso el canal de documentales en la televisión, donde hablaban de Canadá, y cogió de la mesa su libreta y su bolígrafo.

Veintiún días dejaron algunas lluvias sobre el tejado de Don Francisco antes de que a su buzón le llegase una carta con seis sellos extranjeros, como flores estampadas en un sobre amarillo. Don Francisco miró la carta con excitación. Siempre se ponía nervioso cuando tenía entre las manos la carta de Álvaro. ¿Qué aventuras contendría?
Puso la tetera al fuego y se fue a su sillón. Con una cucharilla de café rasgó el sobre, sacó dos hojas de cuaderno arrancadas y plegadas y comenzó a leer.

“Mi querido y entrañable hermano,
De nuevo por poco tu carta no me llega, ya que he vuelto a levar anclas. Me la envió a donde me encuentro ahora la preciosa mujer balinesa, a la que dejé algunas instrucciones por si le llegaba carta de mi hermano para mí.
He leído tus líneas aquí, en Vancouver, en el paseo de vértebras blancas que tiene el puerto. Bajo un sol que se esfuerza, pero no calienta. Supongo que te preguntarás qué hago aquí, y es que me hice amigo de un marino que trabajaba en un mercante en dirección a aquí y me dijo que buscaban mozos para cargar y descargar. Así que me salía el viaje gratis. No me puedo resistir a ello, ya lo sabes.
Vancouver es diferente. La gente confía, y es algo que se me hace raro después de todo lo que he visto. El tiempo parece extenderse cuando paseas por sus calles o charlas con sus habitantes. Y son todos muy educados. Fíjate que andaba yo justo al lado de la acera, pero sin ir subido en ella y un guardia me llamó la atención. ¡Imagina! El pobre se puso rojo cuando me empecé a reír. Pues no he sobrevivido yo a un naufragio y a otras mil aventuras.
Es un lugar diferente. Y es bonito.
Aunque leyendo tus palabras me entró una morriña que no sabría describir, Paco. Sólo de acordarme de todo aquello me dan ganas de poner rumbo a casa. Porque hogar no hay más que uno, y como ya te dije, cada ciudad nueva que veo me recuerda que lo dejé atrás.
Las antiguas veredas se me dibujan cuando miro al mar, como si éste sólo fuera un lienzo donde pinto cuadros que ya vi y que mi corazón anhela. Pero sabes que mi caminar aún no ha acabado. Aunque creo que pronto lo hará, y cuando menos te lo esperes apareceré ante tu puerta, que seguro que le das lustre todos los sábados, como hacía padre.
Bueno, espero que continúes bien de salud y dale un beso a Doña Petra de mi parte. Y un abrazo a Julián.
Álvaro Estepalba.”


Mientras Don Francisco paseaba su vista por los renglones de la carta, Doña Petra contaba pasos dentro del soto de álamos que había junto a las lagunas de Velilla. Cuarenta pasos y girar a la izquierda. Diez pasos más. Y allí había un árbol retorcido por el cansancio de los años. Petra, la madura Petra, dio la vuelta al árbol y vio unas marcas en su corteza. Allí había una cicatriz de navaja. Fue la joven Petra la que lo leyó, y fue la Petra que ha vivido muchas cosas y ha sobrevivido a muchas heridas, la que rompió a llorar. Tallado en la piel del abedul se dibujaba “Petra”, debajo un corazón anguloso y más abajo: “Álvaro”.




martes, 14 de octubre de 2008

Barcas II


La pobreza es la peor forma de violencia.

Mahatma Gandhi



Blog Action Day 2008 Poverty from Blog Action Day on Vimeo.


Mañana se celebra el Blog Action Day, un día para conversar sobre los Objetivos del Milenio

...y el viernes 17 hay manifestación en Madrid y otras ciudades españolas.

¿Nos apuntamos?

lunes, 13 de octubre de 2008

Barcas




Fotos: Rolex, Julius, Barby Lombardo, Erik Julia y otros




Shiver Me Timbers by Tom Waits



Shiver Me Timbers

I'm leavin' my fam'ly
Leavin' all my friends
My body's at home
But my heart's in the wind
Where the clouds are like headlines
On a new front page sky
My tears are salt water
And the moon's full and high

And I know Martin Eden's
Gonna be proud of me
And many before me
Who've been called by the sea
To be up in the crow's nest
Singin' my say
Shiver me Timbers
'Cause I'm a-sailin' away

And the fog's liftin'
And the sand's shiftin'
I'm driftin' on out
Ol' Captain Ahab
He ain't got nothin' on me, now.
So swallow me, don't follow me
I'm trav'lin' alone
Blue water's my daughter
'n I'm gonna skip like a stone

So please call my missus
Gotta tell her not to cry
'Cause my goodbye is written
By the moon in the sky
Hey and nobody knows me
I can't fathom my stayin'
Shiver me timbers
'Cause I'm a-sailin' away

And the fog's liftin'
And the sand's shiftin'
I'm driftin' on out
Ol' Captain Ahab
He ain't got nothin' on me
So come and swallow me, follow me
I'm trav'lin' alone
Blue water's my daughter
'n I'm gonna skip like a stone

And I'm leavin' my family
Leavin' all my friends
My body's at home
But my heart's in the wind
Where the clouds are like headlines
Upon a new front page sky
And shiver me timbers
'Cause I'm a-sailin' awa




Batten Down the Hatches!, Reid Baer

"Batten down the hatches" es una expresión que viene a ser algo así como "prepárate". Literalmente significa que hay que reforzar el cierre de las escotillas en un barco (porque se acerca una tormenta, por ejemplo). El poema es una preciosidad. Vale la pena escucharlo por el placer de oir un buen recitado -conviene dejarlo cargar y escucharlo del tirón. Contrasta la descripción de un paseo de placer con la tragedia humana de los que arriesgan su vida tratando de mejorarla.

"Shiver me timbers" es otra expresión pirata. Expresa sorpresa, puede que ante el choque del barco con una roca, lo que provoca a una de las piezas del barco (timber) temblar (shiver). La canción posee una suave melodía que también juega con el contraste, en esta ocasión, con la herrumbrosa voz de Tom Waits. Habla de la muerte en el mar.

De ambos, canción y poema, me gustan los sonidos, los olores a sal y la nostalgia que desprenden.

lunes, 6 de octubre de 2008

Noches


"Aunque la ciudad parezca dormida siempre hay algún insomne que te descubrirá."

La noche, Felipe Benítez de Escaparate de Venenos


Todos hemos llegado, a esta hora,
al final indistinto de otro día.

Igual que las columnas de los templos turísticos,
igual que las antenas
que cubren la ciudad, permanecemos
de frente ante la noche,
fatigados de luz y de trabajo.

Alguno se dispone a la lectura
de una nueva novela o de unos versos
de geométricas metáforas
y algún otro recorre el laberinto
de intriga y de ambición que es nuestra Historia
en alguna costosa enciclopedia
ilustrada con gráficos y fotos
de holocaustos modernos.

En la penumbra tersa y repentina,
habrá quien se apresure a celebrar
el espejismo frágil de otro cuerpo
conmovido y hierático,
desnudo como el agua,
que el tiempo arañará con garra firme.

Alguien escribirá una carta inútil,
traicionada sin duda
por esos enemigos poderosos
de la expresividad: los adjetivos
que intentan transmitir la esencia íntegra
del dolor verdadero.

Alguno invocará su paz con ansiolíticos
y algún otro será
el solitario alquimista del sexo de los ángeles
en la galaxia virtual de las cabinas porno,
absorto y sorprendido como un niño.

Alguien colocará explosivos redentores
en nombre de una raza y su bandera
y algún otro abrirá la puerta helada
del infierno acordado con él mismo.

En esquemáticos apartamentos de alquiler,
hay quien hace reír y quien llorar
a seres temerosos que miran las estrellas
o las luces en línea de aeropuertos lejanos.

Alguno sueña ya con los piratas
heroicos y feroces de una infancia inmortal
y muchos tejerán las pesadillas
barrocas que conciben los adultos
con visionarios fallos de guión.

Todos hemos llegado al final de otro día.

Y cada cual se dispone a proseguir
su más secreto rumbo
por el túnel salvaje de la noche.

Fotos: Giomede , Kiko y Barby

viernes, 3 de octubre de 2008

48

Foto: KiKo

"La vida es lo que te ocurre mientras tú estás ocupado en hacer planes"

John Lenon


Hoy comienza el resto de mi vida. Es un buen momento para parar y hacer balance. Las interesantes -a veces duras- cosas que he aprendido a lo largo de estos años no me servirán de mucho si no logro instalarme cómodamente en el aquí y ahora. Ni el pasado ni el futuro cuentan. El pasado ya no existe y el futuro no merece la pena planificarlo. Estoy decidida a ser consciente de cada día, de cada hora, de cada minuto. Cada instante es único e irrepetible y, por ello, merece la pena que los vivamos plenamente.

He tratado de imaginar cómo pasaría, de una manera ideal, el día de mi cumpleaños y la conclusión ha sido que lo verdaderamente divertido es jugar con las cartas que nos han tocado. Renuncio a darme mus hasta ver si me llega el solomillo. Con tres pitos al menos caerá la chica. Puede incluso -¡quién sabe! que siga ganando la grande, pero se acabó vivir pendiente de un órdago.

Aprender lo que me gusta, divertirme -a mi manera- y derrochar compasión es a lo que voy a seguir dedicando mis días. Dormir se lo reservaré a mis noches.

Le doy gracias a la vida: He vivido "para contarla" ... y hoy comienza mi futuro.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Alfonsina Storni



Argentina de origen suizo, maestra y poetisa, era considerada por algunos peligrosa por sus ideas -carentes de prejuicios- y su actitud libre. Madre soltera, no cede a las presiones de la hipócrita sociedad de su época y cría a su hijo sola, ya que el padre, 24 años mayor que ella, está casado. Defensora de los derechos de la mujer, no consiguió ver el voto femenino en su país (derecho logrado en 1946), pero si, en cambio, se hizo un sitio en un mundo intelectual dominado por los hombres, a costa, eso si, de repetidas crisis nerviosas debidas al exceso de trabajo y a una extrema sensibilidad.

Tras serle extirpado un pecho a causa de un cáncer, ni su salud, ni su ánimo, vuelven a recuperarse. El suicidio de dos seres cercanos, el dolor físico y su situación anímica, la conducen, una madrugada, a tirarse al mar del Plata. Antes se había despedido de su hijo y escrito el poema «Voy a dormir».

Hace ya 60 años.

Era otoño.

Había tormenta.

Tenía 46.


Voy a dormir, Alfonsina Storni

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes.
Te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides. Gracias... ah, un encargo:

si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Un otoño más

Foto: Kiko


"Este otoño que en ser galante insiste,este otoño
angustiado de promesas, quiere alegrarse y sin embargo es triste"

Demetrio Korsi



Durante 89 días y 20 horas, en esta parte de la Tierra, la naturaleza se preparará para el descanso del invierno. Venus brillará con todo su esplendor este año. Cada día el sol saldrá un minuto más tarde que el día anterior y se pondrá dos minutos antes. Cada día, por tanto, el sol lucirá tres minutos menos. Los plomados cielos se verán compesandos si la lluvia nos visita sin estridencias. Disfrutemos de los días de noches largas al arrullo de la manta.

A todos, feliz otoño.

domingo, 21 de septiembre de 2008

La profesión más bella del mundo


Cuadro: Blackboard, Winslow Homer (1877)


"Un maestro afecta a la eternidad, nunca sabe dónde termina su influencia"
Henry Adams

Ser profesora –decir maestra me produce pudor- ha sido y es para mi mucho más que una profesión. Es una forma de vida. Jamás, desde que yo recuerdo -y mi madre recuerda-, he querido ser otra cosa. Y cuando, por necesidad, me he visto obligada a ello, he sido profundamente desdichada. Ahora, que se cumplen 20 años de ser puente, me doy cuenta de lo mucho que, en lo personal, me ha aportado mi elección.

Ser profesora exige ser una estudiante perpetua. Requiere dedicación plena. Es un camino lleno de encuentros y desencuentros. Y agota. Agota la tensión constante de los opuestos. Agota verse obligada a ser ambidiestra y usar las dos manos con idéntica habilidad y frecuencia: “Una de hierro y otra de seda”, como nos aconsejaba en los inicios una maestra ya jubilada. Agota la constante exigencia de intervenir: “En pedagogía, es mejor equivocarse que no actuar”, dice uno de mis referentes en la enseñanza y compañera de fatigas. Agota porque requiere mucho entusiasmo y entrega personal. Hay días en que te plantarías. Y lo dices. Se acabó: “que les peten”. Pero, no puedes. No puedes plantarte, ni permitir que nadie les deje plantados.

Cualquiera sabe, o puede aprender, lo que nosotros, los profesores, sabemos. La diferencia es que el maestro entrega su saber porque tiene necesidad de ello. Sólo cuando el poeta o el pintor escriben o pintan por pura necesidad, pueden empezar a llamarse poetas o pintores. Del mismo modo, el primer requisito para convertirse en maestro es sentir necesidad. Necesidad de transmitir (emociones, imágenes, saber). Porque el maestro no sólo enseña, sobre todo, transmite. Y no lo hace porque quiera, sino porque no puede evitarlo.

Esta profesión es un continuo derroche de amor. Amor a fondo perdido dado que, lógicamente, no siempre es correspondido. Durante la adolescencia desaparecen con mucha frecuencia la admiración y el aprecio hacia los adultos y es por ello que, incluso el profesor entusiasta y con gran capacidad de comunicación, percibe en muchas ocasiones, rechazo y negatividad. Sin embargo, antes de terminar el bachillerato, los alumnos han crecido. Tanto, que no sólo tienes que auparte para darles el beso de despedida, sino que, a veces, tienes que auparte moralmente para estar a su altura. Lo más misterioso de esta profesión es todo lo que aprendes, todo lo que ellos nos enseñan mientras les estamos enseñando. Por desgracia, alguno habrá que nunca crezca, y, aunque, inevitablemente, sintamos alivio el día de su partida, es imposible no quererlos.

Ese día, el día de la partida, llega indefectiblemente. “Ellos se van y tú te quedas”. La mayoría se despide para siempre y nos olvidamos hasta de sus nombres. Pero unos pocos quedarán donde se quedaron algunos de nuestros maestros, en nuestro recuerdo, en un rincón reservado de nuestro corazón.

Este es un homenaje a la profesión más bella -más importante- del mundo, 

a los maestros 
y a los alumnos que nos llevan en su recuerdo.

martes, 16 de septiembre de 2008

Detrás de tu mirada


Foto: eMi

Detrás de tu mirada
Te veo alto,
detrás de la pantalla.

Los cristales de tus gafas
reflejan todo.
Todo…
…menos lo que quiero ver.

La barbilla apoyada en la mano,
con un aire de saber,
de tanto en tanto se pasea,
acariciando la barba,
que cruje como llamándome.

Pero no.
No eres tú el que me llama.
Tu concentración
no deja resquicio a mi mirada.

Y mis preguntas quedan sin respuesta,
aunque mi ambición colmada.



jueves, 11 de septiembre de 2008

Escoger la alegría

"La alegría significa entrar en tu ser"
Osho


Cuentan que un día un discípulo, al ver a su maestro muy sonriente, a pesar de los muchos problemas que sabía que sufría últimamente, le preguntó:
- Maestro, ¿cómo consigues estar siempre tan alegre y contento?
El maestro le respondió:
- Querido discípulo, no hay grandes secretos para esto. Cada mañana cuando me despierto, me hago la misma pregunta: ¿Qué elijo hoy, estar alegre o estar triste? Y siempre, hijo mío, escojo la alegría.



Smile, Madeleine Peyroux

Smile though your heart is aching
Smile even though its breaking
When there are clouds in the sky, you'll get by
If you smile through your fear and sorrow
Smile and maybe tomorrow
You'll see the sun come shining through for you

Light up your face with gladness
Hide every trace of sadness
Although a tear may be ever so near
That's the time you must keep on trying
Smile, what's the use of crying
You'll find that life is still worthwhile
If you just smile

Light up your face with gladness
Hide every trace of sadness
Although a tear may be ever so near
That's the time you must keep on trying
Smile, what's the use of crying
You'll find that life is still worthwhile
If you just smile

That's the time you must keep on trying
Smile, what's the use of crying
Youll find that life is still worthwhile
If you just smile


miércoles, 10 de septiembre de 2008

Jackson Browne, Stay (just a little bit longer)


Oh won’t you stay just a little bit longer
Please, please, please say you will
Say you will

Oh won’t you stay just a little bit longer
Oh please, please stay just a little bit more

Now the promoter don’t mind
And the roadies don’t mind
If we take a little time
And we leave it all behind and sing
One more song

domingo, 31 de agosto de 2008

La soledad de Winslow Homer

Cuadro: Retrato de Helena de Kay, Winslow Homer, 1874. Museo Thyssen-Bornemisza



A los 47 años, es decir, en 1883, Winslow Homer por fin encontró su hogar en Prouts Neck. Una casa en la costa de Maine (USA) con un enorme balcón que se asomaba al mar como la proa de un barco. Toda la familia Homer se reunía allí en verano desde que el hermano menor celebrara su luna de miel en ese lugar. Al fallecer la madre, el pintor se hizo su propia casa en el establo y construyó encima una segunda planta con un gran porche cubierto. Allí regresaba para pasar al óleo los bocetos y apuntes que tomaba en sus viajes. Allí conseguía la soledad que ansiaba. Allí, al pasar a representar el enfrentamiento entre el destino del hombre y las fuerzas de la naturaleza, logró alcanzar el momento artístico de gloria que hasta entonces le había esquivado. Y allí murió, en 1910, a la edad de 74 años. El auténtico reconocimiento a su trabajo le llegaría, como suele suceder, más tarde.

En la década de los 70, W. Homer inició una serie de pinturas en las que la figura femenina era la protagonista. Son mujeres solas, absortas en sus pensamientos o en su tarea. Es a esta época a la que pertenece este Retrato de Helena De Kay. El cuadro aparece fechado el 3 de junio de 1874, día de la boda de Helena con el poeta Richard Watson Gilder (1844-1909), pero seguramente lo habría empezado mucho antes. Probablemente cuando el pintor ya sabía que Helena prefería al poeta.

En un artículo publicado en la revista Magazine Antiques (febrero, 2002), Sarah Burns, tras estudiar seis cartas escritas por W. Homer (desconocidas hasta entonces), confirma lo que ya algunos sospechaban, que el pintor se mantuvo soltero toda su vida después de haber cortejado sin éxito a Helena de Kay (1846-1916).

El cuadro queda revelado así, no como un simple retrato, sino como la representación simbólica de la decepción amorosa del pintor. Sara Burns explica tres de las cuatro claves que ofrece el cuadro. En primer lugar, la mujer aparece vestida totalmente de negro, un negro sólo aligerado por el toque plateado en el cuello de su vestido. Sin embargo, el negro no era el color preferido ni habitual de la también pintora Helena de Kay, que gustaba de colores mucho más alegres (el dato se conoce gracias a la correspondencia que mantiene con su amiga Mary Hallock). El negro expresaría el duelo de Homer por la pérdida de ese amor. En segundo lugar, el libro cerrado sobre su regazo, representaría el final irreversible de la relación. Y, por último, la rosa (emblema en la firma de Helena) medio desojada y caída sobre el suelo, sería el símbolo del amor no correspondido. El porqué ella aparece representada con la cabeza agachada, queda abierto a la interpretación del observador ya que Sarah Burns no nos da ninguna explicación de este detalle. Sin embargo, a mi me parece otro de los elementos claves de este retrato, tan lleno de símbolos como un retrato renacentista.