sábado, 24 de abril de 2010

Bob Dylan, Don't Think Twice, it's all right






Lyrics: Don't Think Twice, It's All Right, by Bob Dylan

It ain’t no use to sit and wonder why, babe
It don’t matter, anyhow
An’ it ain’t no use to sit and wonder why, babe
If you don’t know by now
When your rooster crows at the break of dawn
Look out your window and I’ll be gone
You’re the reason I’m trav’lin’ on
Don’t think twice, it’s all right

It ain’t no use in turnin’ on your light, babe
That light I never knowed
An’ it ain’t no use in turnin’ on your light, babe
I’m on the dark side of the road
Still I wish there was somethin’ you would do or say
To try and make me change my mind and stay
We never did too much talkin’ anyway
So don’t think twice, it’s all right

It ain’t no use in callin’ out my name, gal
Like you never did before
It ain’t no use in callin’ out my name, gal
I can’t hear you anymore
I’m a-thinkin’ and a-wond’rin’ all the way down the road
I once loved a woman, a child I’m told
I give her my heart but she wanted my soul
But don’t think twice, it’s all right

I’m walkin’ down that long, lonesome road, babe
Where I’m bound, I can’t tell
But goodbye’s too good a word, gal
So I’ll just say fare thee well
I ain’t sayin’ you treated me unkind
You could have done better but I don’t mind
You just kinda wasted my precious time
But don’t think twice, it’s all right

viernes, 23 de abril de 2010

Me sobra el corazón

Feliz Día del Libro a todos los grandes lectores que pasáis por este blog

Me Sobra el Corazón, Miguel Hernández


Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella.
Y busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?… no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra corazón.

Hoy, descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.


(La versión recitada no se corresponde con la auténtica poesía)


martes, 20 de abril de 2010

El amor asesinado


De Emilia Pardo Bazán

Nunca podrá decirse que la infeliz Eva omitió ningún medio lícito de zafarse de aquel tunantuelo de Amor, que la perseguía sin dejarle punto de reposo.

Empezó poniendo tierra en medio, viajando para romper el hechizo que sujeta al alma a los lugares donde por primera vez se nos aparece el Amor. Precaución inútil, tiempo perdido; pues el pícaro rapaz se subió a la zaga del coche, se agazapó bajo los asientos del tren, más adelante se deslizó en el saquillo de mano, y por último en los bolsillos de la viajera. En cada punto donde Eva se detenía, sacaba el Amor su cabecita maliciosa y le decía con sonrisa picaresca y confidencial: «No me separo de ti. Vamos juntos.»

Entonces Eva, que no se dormía, mandó construir altísima torre bien resguardada con cubos, bastiones, fosos y contrafosos, defendida por guardias veteranos, y con rastrillos y macizas puertas chapeadas y claveteadas de hierro, cerradas día y noche. Pero al abrir la ventana, un anochecer que se asomó agobiada de tedio a mirar el campo y a gozar la apacible y melancólica luz de la luna saliente, el rapaz se coló en la estancia; y si bien le expulsó de ella y colocó rejas dobles, con agudos pinchos, y se encarceló voluntariamente, sólo consiguió Eva que el amor entrase por las hendiduras de la pared, por los canalones del tejado o por el agujero de la llave.

Furiosa, hizo tomar las grietas y calafatear los intersticios, creyéndose a salvo de atrevimientos y demasías; mas no contaba con lo ducho que es en tretas y picardihuelas el Amor. El muy maldito se disolvió en los átomos del aire, y envuelto en ellos se le metió en boca y pulmones, de modo que Eva se pasó el día respirándole, exaltada, loca, con una fiebre muy semejante a la que causa la atmósfera sobresaturada de oxígeno.

Ya fuera de tino, desesperando de poder tener a raya al malvado Amor, Eva comenzó a pensar en la manera de librarse de él definitivamente, a toda costa, sin reparar en medios ni detenerse en escrúpulos. Entre el Amor y Eva, la lucha era a muerte, y no importaba el cómo se vencía, sino sólo obtener la victoria.

Eva se conocía bien, no porque fuese muy reflexiva, sino porque poseía instinto sagaz y certero; y conociéndose, sabía que era capaz de engatusar con maulas y zalamerías al mismo diablo, que no al Amor, de suyo inflamable y fácil de seducir. Propúsose, pues, chasquear al Amor, y desembarazarse de él sobre seguro y traicioneramente, asesinándole.

Preparó sus redes y anzuelos, y poniendo en ellos cebo de flores y de miel dulcísima, atrajo al Amor haciéndole graciosos guiños y dirigiéndole sonrisas de embriagadora ternura y palabras entre graves y mimosas, en voz velada por la emoción, de notas más melodiosas que las del agua cuando se destrenza sobre guijas o cae suspirando en morisca fuente.

El Amor acudió volando, alegre, gentil, feliz, aturdido y confiado como niño, impetuoso y engreído como mancebo, plácido y sereno como varón vigoroso.

Eva le acogió en su regazo; acaricióle con felina blandura; sirvióle golosinas; le arrulló para que se adormeciese tranquilo, y así que le vio calmarse recostando en su pecho la cabeza, se preparó a estrellarle, acelerando con rabia y brío.

Un sentimiento de pena y lástima la contuvo, sin embargo, breves instantes. ¡Estaba tan lindo, tan divinamente hermoso el condenado Amor aquel! Sobre sus mejillas de nácar, palidecidas por la felicidad, caía una lluvia de rizos de oro, finos como las mismas hebras de la luz; y de su boca purpúrea, risueña aún, de entre la doble sarta de piñones mondados de sus dientes, salía un soplo aromático, igual y puro. Sus azules pupilas, entreabiertas, húmedas, conservaban la languidez dichosa de los últimos instantes; y plegadas sobre su cuerpo de helénicas proporciones, sus alas color de rosa parecían pétalos arrancados. Eva notó ganas de llorar...

No había remedio; tenía que asesinarle si quería vivir digna, respetada, libre..., cerrando los ojos por no ver al muchacho, apretó el pie enérgicamente, largo, largo tiempo, horrorizada del estertor que oía, del quejido sordo y lúgubre exhalado por el Amor agonizante.

Al fin, Eva soltó a la víctima y la contempló... El Amor ni respiraba ni se rebullía; estaba muerto, tan muerto como mi abuela.

Al punto mismo que se cercioraba de esto, la criminal percibió un dolor terrible, extraño, inexplicable, algo como una ola de sangre que ascendía a su cerebro, y como un aro de hierro que oprimía gradualmente su pecho, asfixiándola. Comprendió lo que sucedía...

El Amor a quien creía tener en brazos, estaba más adentro, en su mismo corazón, y Eva, al asesinarle, se había suicidado.

Nota: En negrita las licencias de AqUIEstOYyo.



lunes, 19 de abril de 2010

La seductora, John Singer Sargent


Cuadro:Lady Agnew (1982), Jonh Singer Sargent



Estamos ante el retrato de Gertrude Vernon, encargado por su esposo (10 años mayor que ella), Andrew Noel Agnew, barón de Lochnaw (Galloway, Escocia) a John Singer Sargent.

Lo que más me atrae de él –y me atraen bastantes cosas- es la fuerza de la modelo, capaz de llenar con su sola presencia la habitación a la que no tenemos acceso. Ella es, a mi parecer, una de esas mujeres fuertes a las que los hombres con frecuencia tienen miedo.

Aunque sería lógico pensar que ha sido idealizada por el pintor -al fin y al cabo nadie puede vivir de vender retratos incómodos para el retratado-, esta mujer, estoy segura, poseía
un atractivo propio.

Su dominio de la escena es absoluto. Su porte regio se manifiesta por la rigidez relajada de la postura. Las piernas cruzadas, la espalda descentrada en el respaldo insinúan relajación, pero ésta es tan solo aparente. La rigidez se muestra en el estiramiento de su espalda y la ligera inclinación de la cabeza hacia abajo. Si observamos el cuadro por mitades, nos daremos cuenta del doble mensaje no verbal de su cuerpo. Por un lado, los labios sonrientes y una mano cómodamente abandonada sobre el regazo, sosteniendo una sencilla flor, nos dicen que se siente cómoda. Por otra parte, la otra mano sujetando uno de los bordes del sillón, nos habla de cierta tensión. ¿Y la ceja arqueada? ¿Podría ser una sutil respuesta a una insinuación?

Lady Agnew es, sin duda, una mujer bella, bella y joven y, por su magnetismo, diría que muy inteligente. Sin duda el artista se siente atraído hacia ella. Pero... ¿y ella? Ella posa fijamente su mirada en el artista, con una seguridad pasmosa. Nadie duda de que controla la situación. Es una mujer crecida al saberse admirada, atractiva a través de la mirada de artista, atractiva por tanto para el espectador.

Sabemos que Sargent, pianista además de pintor, solía interpretar para sus modelos piezas al piano. No me resulta difícil imaginarla en su estudio posando para él. Ella feliz al ser admirada. Él encantado de admirarla. Y, de tanto en tanto, interpretándole alguna pieza de Fauré, su gran amigo.



Foto: Estudio del artista en el Boulevard Bethier

Fuente: Natasha Wallace, Lady Agnew of Lochnaw, JSS Virtual Gallery, 1998-2002>

miércoles, 14 de abril de 2010

Poco a poco

Fotos: Arturo Carrasco, Kiko y Saul Sandell

Letra de Carlos Cano, Poco a poco

Poco a poco,
el corazón entra en el alma de tanta gente
que pierde el hilo de la razón.

Poco a poco,
me confunden lo que siento
dice tomillo, y soy tomillo
dice paloma, paloma vuelo.

Siento que me estoy perdiendo.
Será que pasan los años
será que me hago viejo
será la luna,
será el destino,
será la estrella que llevo dentro.

La estrella que me domina
a dónde me llevará la soledad
es el precio que paga mi libertad.

Poco a poco,
me voy hundiendo en el mar.

La luna,
que me lleve la luna
si yo no soy de este mundo
que a mí me lleve la luna.

La luna,
la luna por la ribera del río que yo más quiero
donde mi sombra navega.

Poco a poco,
renaciendo cada día
que es preciso hacerse fuerte sin renunciar a la vida.

Camino de lo que siento,
yo no pienso cuando canto
dejo libre al corazón en otro mundo, volando.

Poco a poco
más cerca la luna está.

martes, 13 de abril de 2010

Lucrecia



La historia de Lucrecia es apabullante. ¿La recordáis? Inmigrante, pobre y negra. 32 Años. En el reparto de un total de tres, le tocaron dos balas nueve largo Parabellum . La otra fue a parar en el hombro de otro dominicano que compartía con ella, sin luz ni agua, un plato de sopa en un oscuro rincón de la antigua discoteca “Four Roses” de Aravaca.

Un mes y tres días antes Lucrecia había llegado a Madrid tras pasar por Nueva York, París y Bilbao, dejando parte de sí misma en la República Dominicana. Podría haberse salvado porque había encontrado trabajo, pero “no sabía ni poner una lavadora”. Enferma, mental y físicamente, no pudo conservar su única oportunidad de supervivencia.

Eran las nueve de una noche fría y negra. Cuatro enmascarados, un guardia civil y tres menores de 16 años, dispararon indiscriminadamente y huyeron en el coche que les esperaba. Lo que al principio se atribuyó a “un ajuste de cuentas” resultó un asesinato programado. Todos confesaron ante la evidencia de las pruebas.

Los asesinos, que unos días antes habían hecho alarde de “la acción en comando” (“Les he dado tres plomos, que se los repartan como puedan. Ha sido como tirar a dos chuletas de cordero”) fueron condenados.

Lucrecia es considerada la primera víctima del racismo y la xenofobia de la democracia en España, pero, no nos engañemos, responsables
somos todos.


Fuente: Lucrecia Pérez. (2010, 18) de enero. Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 20:14, abril 13, 2010



lunes, 12 de abril de 2010

Dino Olivieri, J'attendrai,






J’attendrai, le jour et la nuit
J’attendrai toujours
Ton retour
J’attendrai car l’oiseau
Qui s’enfuit vient chercher l’oubli
Dans son nid

Le temps passe et court
En battant tristement dans mon coeur si lourd
Et pourtant j’attendrai ton retour

Les fleurs pâlissent, le feu s’éteint
L’ombre se glisse dans le jardin
L’horloge tisse des son très las
Je crois entendre ton pas

Le vent m’apporte des bruits lointain
Guettant ma porte j’écoute en vain
Hélas plus rien, plus rien ne vient

J’attendrai, le jour et la nuit
J’attendrai toujours
Ton retour
J’attendrai car l’oiseau
Qui s’enfuit vient chercher l’oubli
Dans son nid

Le temps passe et court
En battant tristement dans mon coeur si lourd
Et pourtant j’attendrai ton retour

sábado, 10 de abril de 2010

La desolada, Edward Hopper


Cuadro: Edward Hopper, Habitación de hotel (1931)




Lyrics: Amy Winehouse, Back to Black

He left no time to regret
Kept his dick wet
With his same old safe bet
Me and my head high
And my tears dry
Get on without my guy
You went back to what you knew
So far removed from all that we went through
And I tread a troubled track
My odds are stacked
I'll go back to black

We only said good-bye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to.....

I go back to us

I love you much
It's not enough
You love blow and I love puff
And life is like a pipe
And I'm a tiny penny rolling up the walls inside

We only said goodbye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to

Black, black, black, black, black, black, black,
I go back to
I go back to

We only said good-bye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to

We only said good-bye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to black



La tristeza puede alcanzar grados insospechados. Lo que ocurre es que la mayoría de nosotros nos tomamos serias molestias en disimularla. Es al enfrentarnos con la soledad cuando se desata. Libres de testigos, despojados de todo lo accesorio, se descorcha la nada que a veces albergamos.

Ella todavía no puede comprender el contenido de la carta. La ha leído y vuelto a leer. Tantas veces que hasta podría recitarla. Sentada en la cama aún sin deshacer, la sostiene en las manos incapaz de saber cómo continuar. Las palabras que la han conducido a ese fría habitación de hotel bailan en su mente sin dejarla pensar.

No podemos saber quién es. Su cara queda oculta por las sombras. O puede, quizás, que no queramos reconocerla.

No se puede pintar mejor el desamparo, la incomunicación. Sombras intensas, colores planos, formas geométricas, se confabulan para crear una angustiosa atmósfera de desolación.




(Es recomendable pinchar la imagen -pulsando Ctrl al mismo tiempo- para ver el cuadro con todo detalle y escuchar la canción)

domingo, 4 de abril de 2010

La gran calle de mi ciudad

Cuadro: Antonio López García, Gran Vía (1981)



El Paseo de la Virgen del Puerto es, sin duda, mi calle favorita, y eso que ahora está completamente desconocido. Me gusta por su ermita, porque está rodeado de uno de los más bellos jardines de la ciudad (los jardines del Campo del Moro -cerrados a cal y canto cuando yo era pequeña), pero, sobre todo, me gusta porque es el lugar que fue testigo de mi adolescencia y sus muchas primeras veces.

Tras ella, e igualmente por motivos nada objetivos, la calle donde nací es mi favorita. Es cierto que su situación, casi en pleno centro de Madrid la hace envidiable. Pero la razón por la que es muy especial para mí es que, justo al lado, se abre un insólito pinar. Por él cabalgamos nuestros juegos - y sueños- durante toda la infancia.

De ambas calles, una de las cosas que yo más disfrutaba, era su verdor. Toda la vereda que daba al río estaba tapizada de praderas que el otoño cubría de hojas que nadie se molestaba en retirar. De aquellos grandes chopos ya no queda practicamente nada.

Así pues, no puedo decir que la Gran Vía sea mi calle favorita, pero sí la que más me gusta. A ella escapábamos con los primeros permisos paternos para tomar el autobús sin mayores a nuestro alrededor. En ella disfrutábamos de los estrenos de cine mucho antes de que las películas se proyectaran en doble sesión continua en el barrio. Allá acudíamos en busca de saldos en los Almaces Arias. O a merendar tortitas con nata en alguna de sus lujosas cafeterías - Manila, California-, con la tranquilidad de ahorrarnos el billete de vuelta porque el regreso era cuesta abajo. O, simplemente, íbamos por allí a ver.

Madrid es mi ciudad y, si bien siempre eché en ella de menos el mar, al menos tiene la Gran Vía para pasear. Hoy, viviendo fuera, todavía la aprecio más. La mitad de su vida es buena parte de mi historia.




viernes, 2 de abril de 2010

La separada, Lucien Freud


Cuadro: Girl with a white dog (1952) by Lucian Freud


Lyrics: Amanda Seyfried, Little House
I love this place
But it's haunted without you
My tired heart
Is beating so slow
Our hearts sing less
Than we wanted
We wanted
Our hearts sing 'cause
We do not know
we do not know

To light the night
To help us grow
To help us grow
It is not said
I always know

You can catch me
Don't you run
Don't you run
If you live another day
In this happy little house
The fire's here to stay

To light the night
To help us grow
To help us grow
It is not said
I always know

Please don't make a fuss
It won't go away
The wonder of it all
The wonder that I made
I am here to stay

I am here to stay

Stay

El nieto de Sigmund Freud, Lucien, huyendo de los nazis, se trasladó a Inglaterra con su familia en 1933, y desde entonces -creo-, vive allí. Rebelde en la escuela, incapaz de soportar la rutina, no pudo, como es fácil de comprender, someterse a las exigencias del matrimonio. Así pues, los suyos (dos) se fueron al garete.

La modelo de este cuadro es Kathleen Garman, su sobrina y primera esposa. El cuadro fue pintado el mismo año en que Lucien inició un affair con la que, un año más tarde (1953), sería -no por mucho tiempo- su segunda mujer, Caroline Blackwood.

La mano de “Kitty “reposa sobre su corazón haciendo prácticamente desaparecer su pecho -¿o es el corazón el que le ha desaparecido? Su expresión ida nos habla de una profunda soledad apenas aliviada con la presencia adormecida de su perro. El pintor nos la presenta desde arriba, lo que añade distancia a la falta de comunicación visual que, en cambio, sí mantiene con el animal.

Ella se quedó con sus dos hijas. Él tuvo unos cuantos hijos más (alrededor de 40).

(Es recomendable pinchar la imagen -pulsando Ctrl al mismo tiempo- para ver el cuadro con todo detalle y escuchar la canción)