Foto: Insomnio, (de autor desconocido y manipulada por mí)
Insomnio de Maram al-Masri
Un minuto sobre el costado
izquierdo.
Un minuto sobre el costado
derecho.
Un poco boca arriba,
un instante boca abajo.
Doy vueltas en el vacío.
Frío en mis sueños
frío en mi cama.
Los ladrones del sueño han asaltado mi noche;
uno de ellos
se compadeció de mí
y ha dejado la mañana
en mi mesilla.
Ha llegado la hora de matar al dragón,
de acabar para siempre con el monstruo
de las fauces terribles y los ojos de fuego.
Hay que matar a este dragón y a todos
los que a su alrededor se reproducen.
Al dragón de la culpa y al dragón del espanto,
al del remordimiento estéril, al del odio,
al que devora siempre la esperanza,
al del miedo, al del frío, al de la angustia.
Hay que matar también al que nos tiene
aplastados de bruces contra el suelo,
inmóviles, cobardes, desarraigados, rotos.
Que la sangre de todos
inunde cada parte de esta casa
hasta que nos alcance la cintura.
y cuando ese montón de monstruos sea
sólo un montón de vísceras y ojos
abiertos al vacío, al fin podremos
trepar y encaramarnos sobre ellos,
llegar a las ventanas, abrirlas o romperlas,
dejar que entren la luz, la lluvia, el viento
y todo lo que estaba retenido
detrás de los cristales.
(Dedicado a todas aquellas mujeres que se sienten identificadas)
¿Qué me decís del trauma que supone mirarte al espejo por la mañana y encontrarte con que ese gremlin que te mira fijamente eres tú? Te duchas, te vuelves a mirar, y decides que lo mejor va a ser darte una capa de titanlux, a ver si aquello mejora. Y no, no mejora. Sigues siendo un gremlin, pero así como churruscao.
Una vez churrascada, te diriges a despertar a tus niños. Aquí siempre ocurre algo. Supongamos que el niño tiene fiebre. Tú eres una mujer con recursos!!! ......recurres a la súplica ...y suplicas a la suegra, que se quede con el niño hasta que llegue la chica, ...a la chica, que venga un poco antes para que se vaya la suegra, ....al cielo, que la seguridad social deje de comunicar, .....a la 'encantadora enfermera' que te dé cita tarde para no pedir permiso......a tu jefe que te dé permiso porque la encantadora enfermera ha pasado de ti y entre súplica y súplica tú sigues trabajando, así como haciéndote la relajada.
Y al final del día, nunca antes, te llama tu ocupadísimo marido, y te pregunta ¿qué tal cariño?.
Cuando te oye rugir como un rinoceronte en celo, recuerda que el niño estaba enfermo y hace ver que no se le había olvidado y te cagas en to lo que se menea...
Y sales corriendo al pediatra, y llegas por los pelos, y te dice lo del virus, y te manda no se qué medicina, y cuando llegas a la farmacia han cerrado, y llamas a tu marido y le suplicas que cuando salga de trabajar, si no le supone mucha molestia, se pase por una farmacia de guardia, y entonces él te dice 'no voy a poder, ya sabes que no puedo salir de mi trabajo que tengo una reunión', que yo creo que mi marido no vive, se reúne!!
Y le matarías, pero por teléfono no puedes así que decides arrastrarte hasta la farmacia de guardia, y allí que llegas tú con todo colgando: Al pequeño que le cuelgan los mocos, el mayor que se cuelga literalmente de tu manga. De la sillita cuelga tu bolso, la bolsa del bebe, la
bolsa de gimnasia, la bolsa del trabajo, y la mochila del mayor, que ya quisiera Pérez de Tudela, que yo creo que este niño no crece porque la mochila se lo impide. Parecemos unos 'sin-techo'.
Entras en la farmacia y el espejo del fondo te enseña al gremlin churruscao pero como a trozos porque el maquillaje también se ha 'descolgao' y te suda el bigote como una foca, y te la encuentras a ella, la SUPER-ORGANIZADA.
La superorganizada es esa mamá del colegio de tus hijos que siempre quisiste ser. Lleva a sus nenes a alemán, a judo, a pintura, al foniatra, a fútbol y a natación........Y es de las que comen y no engordan, y es delgada... Y en los cumpleaños del nene, lleva a toda su clase 'un güevo Kinder', que son tres deseos a la vez, y tu niño con su bolsa de sugus, que yo creo que le estoy creando un trauma,... Y además prepara la bechamel de las croquetas. Yo hace tiempo que descongelo las famosas croquetas ¡que le den por culo a la bechamel!.......Y todo esto sin movérsele ni una de las siempre perfectas mechas; porque a este tipo de mujer no le crece el pelo.. Yo creo que tampoco 'sudan', pero de esto no estoy segura......Y tú que 'intentas recolocar todo lo que te cuelga y ella' y su perfecta hilera de dientes que te sonríe y
te suelta: 'Chica, es que no te organizas, ¿por qué no pides reducción de jornada...?' Aquí es donde le soltarías una leche por cada euro reducido por reducir tu jornada.
Superada la prueba, tus colgajos y tú regresáis a casa. La autoestima decidió quedarse en la farmacia. Y bañas a los niños, haces los deberes del mayor, le das la medicina al pequeño, les preparas la cena, se la das y les acuestas y te tiras en el sofá.
Y para rematar el día, al cabo de un rato, llega tu marido a casa y te dice que no ha parado en todo el día de reunión en reunión en la oficina (ha tenido tres reuniones) y que ha tenido que comer con los compañeros en un restaurante de aúpa y te pregunta que qué hay de cena y que si no te importa preparar a ti la mesa porque él está muy cansado. Y ni siquiera te pregunta por el niño, tu trabajo, la suegra, la chica, el jefe, la enfermera, el médico, la farmacéutica y la
superorganizada, y remata diciendo que vaya pinta de gremlin churruscada que tienes con el maquillaje descolocado; que a ver si te cuidas un poco, con la cantidad de tiempo libre que tienes'.
Y al encender la tele aparece otra superorganizada que te dice: 'Auxonia, hoy me gusta ser mujer'.
Me recuerdo sentada en el asiento de copiloto de un viejo gran Ford. Viajaba con las ventanas abiertas, aunque aún no era verano. De la radio surgía una voz que me hacía sentir protagonista de mi propia película. Era una voz imperceptiblemente rota por las esquinas. Una voz que perteneció a un tiempo en el que ni sospechábamos, pese a que nos lo habían contado, que el tiempo se agotaba. Esa voz ahora se retira y su desaparición me hace sentir una tristeza difusa, marcada por la nostalgia de un nuevo adiós.
"......Como todos los días, por la mañana muy temprano, Vincent con sus herramientas de trabajo, partió hacia el campo por la parte del castillo. Al medio día volvió a la pensión para comer pero volvió a partir. Nada en su actitud podía hacernos presentir lo que iba a pasar. Hasta entonces nunca se había presentado demasiado tarde a la mesa, ya que quería acostarse como las gallinas. Hasta aquel día, sin ninguna excepción, había comido en la pensión y por eso, al anochecer, nos inquietamos al comprobar que no venía. Esperamos mucho rato, hasta que nos decidimos a guardar su plato y comernos la sopa.
Cuando hubimos terminado todavía no había llegado; el día había sido muy caluroso y estábamos tomando el fresco en el portal esperando la hora de cerrar. Al cabo de un rato, por fin le vimos aparecer a lo lejos, pero su paso nos pareció extraño por no decir grotesco. Andaba a grandes zancadas y tambaleándose, con la cabeza un poco inclinada del lado de su oreja mutilada. Se habría dicho que había bebido demasiado. (...) aunque en nuestra casa nunca probó el alcohol.
La noche caía y en la semioscuridad, sólo mi madre notó que el señor Vincent se cogía el vientre y que parecía andar cojeando. Su chaqueta estaba abrochada. Al llegar cerca de nosotros, lo vimos pasar como una sombra sin saludar. Mi madre le dijo: «señor Vincent estábamos inquietos al no verle. ¿Qué le ha pasado?» Apoyándose unos instantes en la mesa de billar para no perder el equilibrio, respondió: «¡Oh nada, me he herido!» Franqueó la sala con un par de zancadas y subió penosamente los diecisiete tortuosos escalones que conducían a su habitación, en la buhardilla, cuyas paredes habían sido blanqueadas con cal y que recibía la luz del día por una pequeña lumbrera.
.....Yo curiosa como chica joven que era, me puse al pie de la escalera a escuchar y ciertamente, lo oí gemir, lo que le comuniqué a mis padres. Al instante mi madre dijo a mi padre: «Gustave, sube a ver, creo que el señor Vincent no está bien». Mi padre subió. Oyó como gemía. Al no estar la puerta cerrada, entró y vio al pintor tendido en estrecha cama de hierro, con su cara vuelta hacia la pared. (....) Mi padre le insistió '¿Qué le pasa?'. Entonces el señor Vincent se volvió hacia mi padre. Mire, dijo, y retirando su mano, mostró el lugar de su cuerpo, debajo del pecho, donde había un pequeño agujero ensangrentado. Una vez más mi padre le volvió a preguntar «Pero ¿qué es lo que ha hecho?», y esta vez el señor Vincent respondió: «Me he disparado un tiro....Esperemos que no haya fallado....»"
Adeline Ravoux (hija del dueño de la pensión Ravoux en Auvers-sur-Oise, donde vivió y murió Vincent)
Eres completamente distinto a mí.
Pero no.
Ya no te envidio.
Tienes cosas que yo no tengo.
Y cosas que no quiero tener.
Tienes cambios de humor, amantes y tiempo.
Unas piernas fibrosas
que acaban en una preciosa redondez.
Pero eres pomada que no quiere ser usada.
Un extraterrestre cotidiano e indiferente.
Yo, un saco de incongruencias
que siempre tiene fríos los pies.
No.
Ya no te envidio.
Alguna cosa buena tenía yo que tener.