martes, 22 de septiembre de 2009

Nunca pasa nada


Foto: Nunca pasa nada, eMi





Post office clerks put up signs saying position closed
And secretaries turn off typewriters and put on their coats
Janitors padlock the gates
For security guards to patrol
And bachelors phone up their friends for a drink
While the married ones turn on a chat show

And they'll all be lonely tonight and lonely tomorrow

Gentlemen time please, you know we cant serve anymore
Now the traffic lights change to stop, when theres nothing to go
And by five oclock everything's dead
And every third car is a cab
And ignorant people sleep in their beds
Like the doped white mice in the college lab

Nothing ever happens, nothing happens at all
The needle returns to the start of the song
And we all sing along like before

And well all be lonely tonight and lonely tomorrow

Telephone exchanges click while theres nobody there
The martians could land in the carpark and no one would care
Close-circuit cameras in department stores shoot the same video every day
And the stars of these films neither die nor get killed
Just survive constant action replay

Nothing ever happens, nothing happens at all
The needle returns to the start of the song
And we all sing along like before

And well all be lonely tonight and lonely tomorrow

Bill boardings advertise products that nobody needs
While angry from Manchester writes to complain about
All the repeats on TV
And computer terminals report some gains
On the values of copper and tin
While American businessmen snap up Van Goghs
For the price of a hospital wing

Nothing ever happens, nothing happens at all
The needle returns to the start of the song
And we all sing along like before
Nothing ever happens, nothing happens at all
They'll burn down the synagogues at six oclock
And well all go along like before

And well all be lonely tonight and lonely tomorrow

domingo, 20 de septiembre de 2009

Exintimidad otoñal


Foto: Saliendo (Isla de Wight), eMi




Algunos domingos, me levanto sin ganas y con algo de fresco en los brazos y la cara. Entonces, aunque mis fechas no coincidan con el calendario, sé que ha llegado el otoño. A veces, esa desgana coincide con un deseo de salirme del espacio que me ha sido asignado, y ése no es precisamente un buen augurio para comenzar la semana. Siempre a mano para dichas ocasiones, tengo un cajón preparado con antídotos de efecto inmediato. Curas de choque, antes de que sea demasiado tarde.

En general, basta la música clásica, pero hay mañanas de otoño, especialmente frías y desangeladas. Para esas elijo canciones sin palabras. De sobra sé que una canción sin palabras es una contradicción en términos, como lo es una piscina sin agua. Sin embargo, existen las piscinas de bolas y las canciones para cello (por algo es el instrumento que más se aproxima a la voz humana).

Para este domingo, sin intención alguna de desgranar las causas de mi debilidad matutina, he buscado los restos de Mischa Maisky y sus romanzas rusas. Digo restos porque, he abusado tanto de este remedio, que había dejado de hacer su efecto. Gracias a un buen período de abstinencia, compruebo, con alivio, que las romanzas han recuperado sus bondades curativas. Ingeridas con los ojos cerrados, paralizan las ganas de salir corriendo. Notas cómo una dulce calma te invade. El sutil desasosiego se va transformando en callado disfrute al dejar que la música penetre por las venas y las recorra, como los líquidos de colores que se introducen en la sangre para facilitar, gracias al contraste, la visualización de los órganos internos. Solo que, en este caso, nada quiero visualizar, analizar o entender. Sólo quiero hipnotizarme. Y eso, exactamente,
es lo que hago.

viernes, 11 de septiembre de 2009

El cant dels ocells


Foto: Pájaros en el alambre, Saúl Landell




El cant dels ocells (de "Sonetos de Membranza"), Fernando Jiménez-Ontiveros

Un gorjeo de aves, un rumor,
un trémolo, la música enraizada
en tu tierra, primavera evocada
en inicial escena de candor.

Los pájaros esconden su temblor
en tus manos creadoras y ya nada
impide que suene, emocionada,
la nota sostenida del cantor.

Distancia, lejanía, abatimiento,
prolongada tristeza del momento,
los bajos se mantienen dominantes.

Un último aleteo decreciente
sobrevuela fielmente los entrantes
y sostiene la nota concluyente.



domingo, 6 de septiembre de 2009

To be or not to be


Cuadro: Ophelia, John Everett Millais (1852)





To be, or not to be (from Hamlet 3/1), William Shakespeare

To be, or not to be: that is the question:
Whether 'tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles,
And by opposing end them? To die: to sleep;
No more; and by a sleep to say we end
The heart-ache and the thousand natural shocks
That flesh is heir to, 'tis a consummation
Devoutly to be wish'd. To die, to sleep;
To sleep: perchance to dream ...

Ser o no ser, esa es la cuestión: si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro. Morir: dormir, nada más. Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales herencia de la carne, sería una conclusión seriamente deseable. Morir, dormir: dormir, tal vez soñar.


sábado, 5 de septiembre de 2009

El arte de la fotografía


Foto: Insomnio, Arturo Carrasco

A camera is a mechanical device which records a moment in time but not what that moment means, the emotions that it evokes, whereas a painting, however imperfect it may be, is an expression of feeling, an expression of love, not just a copy of something.

Charles Ryder en Brideshead Revisited, Evelyn Waugh

Una cámara es un aparato mecánico que recoge un momento en el tiempo pero no lo que ese momento significa, las emociones que evoca, mientras que un cuadro, por muy imperfecto que sea, es una expresión de amor, no solo una copia de algo.

Nunca antes había encontrado una cita que me gustara tanto y, al mismo tiempo estuviera tan lejos de lo que yo siento. Aparentemente, esta afirmación laudatoria sobre la pintura en detrimento de la fotografía, parece convincente, pero, bien mirado, se aleja sin remedio de la realidad. Es posible que a mediados del siglo XIX, la fotografía no tuviera otra intención que la simple reproducción de los objetos, pero, indudablemente, al evolucionar, se ha ido cargando de un innegable contenido emocional.

Explicar cómo una fotografía es capaz de captar aquello que el corazón ve, es realmente una tarea difícil y, por otra parte, innecesaria. Para entenderlo, basta con disfrutar de esta imagen, sugerente y melancólica, de Arturo. Si bien su título es Insomnio, en mí evoca la inquietud de la ausencia de inspiración o, mejor dicho, la inspiración atrapada en una gastada, pero infranqueable prisión –la jaula de la rutina, el autocontrol o el miedo. No obstante su tristeza, no pierde un agradable sabor de nostalgia con un
toque de canela, que encuentro también con frecuencia en la pintura decimonónica.

Sea cual sea la interpretación que uno le encuentre, ¿quién puede ver en ella una mera copia de una jaula con pluma dentro?


domingo, 30 de agosto de 2009

Cementerios



Fotos: Cemetery from our kitchen window, Julius



“Nada se pierde, todo se transforma.”
Jorge Drexler
Me he levantado temprano y, sin desayunar siquiera, he salido de casa como una autómata. Sin rumbo fijo, sin destino planificado. Ya fuera un recuerdo amargo o un brote de tristeza, el caso es que, de pronto, me he visto ante las puertas del cementerio o, más bien debiera decir, de los cementerios de mi pueblo.

He saludado al enterrador quien, solícito me ha preguntado si buscaba algo. No, no busco nada, sólo estoy echando un vistazo. Pero, miento, porque busco tumbas con una fecha. 1960. Me decepciona el aspecto homogéneo de las lápidas de granito pulido. Todas de color labrador oscuro, a pesar de la casi infinita variedad de mármoles a elegir: amarillo brasileiro, amarillo capri, amarillo veneciano, amazonita, azul orissa, azul india, gran violet, juparana real, kashmir gold, kashmir white , kinawa rosa, rojo azteca, rojo altamira, rojo balmoral, paradiso bash, negro galaxy, negro imperial, … Bellos nombres para hermosos colores.

Sólo al fondo y a la izquierda, encuentro, las viejas cruces de hierro, con chapa de porcelana, sus aquí-yace y el granito en bruto. Tumbas sorprendentemente parecidas a cunas, especialmente, las de los niños. Veo la tumba de una niña con sus mariposas, hadas y patitos. Y la de una familia alemana, con un mini jardín japonés en vez de la aburrida lápida.

Sigo paseando - o buscando- hasta que descubro una nueva puerta ¿Un cementerio junto al cementerio? Sí. Es el cementerio judío. Lápidas cuidadosamente ordenadas, orientadas al sur, mirando a Jerusalén. Ni una flor, ni una cruz. Piedras, estrellas de David y alguna que otra menorah (candelabro de siete brazos, como siete ramas de los arbustos que vio Moisés arder).

Al entrar, el enterrador me advierte de que, si no soy judía, no puedo estar allí. ¿Cómo demuestro que lo soy? Si fuera hombre debería lucir la kipá negra (una gorra, según el enterrador), pero soy mujer y voy en son de paz. Me deja curiosear, hacer fotografías no. Nos ponemos a charlar. No le pregunto su nombre. Es el enterrador, hijo y padre de enterradores. Con la mano derecha sujeta un cubo, con la izquierda reparte puñados de abono sobre los cipreses. Extrañamente, me recuerda el momento de la boda en el que se lanza arroz a los novios. Habla sin dejar de esparcir estiércol. Es el alimento procedente de otras vidas –“nada se pierde, todo se transforma”, que diría Drexler.

Aprendo que, en este cementerio, los muertos están solos. Cada uno en su lecho jamás compartido. No hay 1 de Noviembre ni días de visitas para ellos. No es bueno acudir con frecuencia al cementerio. La familia no “purifica” a sus propios muertos. Son voluntarios los que les lavan el cuerpo y tapan su cara para siempre
con un velo. No hay crematorios ni nichos. Aunque aquí se usa un féretro para no incumplir las leyes españolas, el cuerpo debería estar en contacto con la tierra. Con la misma tierra eternamente. Imposible mudarse de terreno.
Salgo del cementerio y me paseo por La Cabilda. Después, al llegar al pueblo -no me preguntéis por qué-, entro en la Iglesia que no he pisado en los catorce años que aquí llevo. ¿Me estoy volviendo loca?
Mientras desayuno en la única cafetería del pueblo que no exhibe la bandera española, me empieza a preocupar esta manía mía de compartir lo que no había compartido nunca.

viernes, 28 de agosto de 2009

La soledad de los números primos



En una atmósfera densa, opresiva, se desarrolla una historia creíble. Las emociones se describen de forma tan hiperrealista que cualquiera puede verse en el espejo que nos pone Giodarno ante la cara. No hace falta ser un número primo para empatizar con los protagonistas, Alice y Mattia.

Me interesan, sobre todo, las relaciones paterno -filiales y el mensaje explícito: “Las decisiones se toman en un segundo y se pagan el resto de la vida", especialmente si no se analizan las consecuencias, que es lo que Lisbeth Salander (protagonista de la popular e hipnotizadora Millennium) siempre se plantea ante una dificultad. De ahí que me quede con este personaje radicalmente feminista. Aunque en absoluto comparta sus métodos de hacer justicia, me gustan los luchadores que se niegan a ser víctimas.

La canción es de Damien Rice y se titula Grey Room. Es la que escucha Alice en el último capítulo de la novela.

Sentí alivio al concluirla, pero no me habría gustado perdérmela.



Kenny Rogers, The Gambler





On a warm summers evenin on a train bound for nowhere,
I met up with the gambler; we were both too tired to sleep.
So we took turns a starin out the window at the darkness
til boredom overtook us, and he began to speak.

He said, son, Ive made a life out of readin peoples faces,
And knowin what their cards were by the way they held their eyes.
So if you dont mind my sayin, I can see youre out of aces.
For a taste of your whiskey Ill give you some advice.

So I handed him my bottle and he drank down my last swallow.
Then he bummed a cigarette and asked me for a light.
And the night got deathly quiet, and his face lost all expression.
Said, if youre gonna play the game, boy, ya gotta learn to play it right.

You got to know when to hold em, know when to fold em,
Know when to walk away and know when to run.
You never count your money when youre sittin at the table.
Therell be time enough for countin when the deal is done.

Now evry gambler knows that the secret to survivin
Is knowin what to throw away and knowing what to keep.
cause evry hands a winner and evry hands a loser,
And the best that you can hope for is to die in your sleep.

So when hed finished speakin, he turned back towards the window,
Crushed out his cigarette and faded off to sleep.
And somewhere in the darkness the gambler, he broke even.
But in his final words I found an ace that I could keep.

You got to know when to hold em, know when to fold em,
Know when to walk away and know when to run.
You never count your money when youre sittin at the table.
Therell be time enough for countin when the dealins done.

You got to know when to hold em, know when to fold em,
Know when to walk away and know when to run.
You never count you r money when youre sittin at the table.
Therell be time enough for countin when the deal is done.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Garmo Negro


Foto: Cementerio de Portsmouth, Julius


A mi amigo Eduardo Terrén Lalana, in memoriam
Garmo Negro

400
Días después,
todavía me pregunto
qué vena te palpitaría
cuando tu pie
perdió su huella.
Qué oscuro pensamiento nacería
cuando tus ojos
dejaron de ver la tierra.

¿Escuchaste el eco distante de un alarido?
¿Notaste el vació en la mano que no te asió?

Me pregunto
si allí donde quedaste
se oye el llanto restallar.
Si entre las grietas
de las odiosas rocas
del Garmo Negro de Panticosa
se esconden los recuerdos
que ya nunca nadie oirá.


lunes, 24 de agosto de 2009

Cocinar o comer


Foto: The Spice Island Inn, eMi

Cocinar puede ser agradable, pero nunca ha constituido un verdadero placer para mí. Es cierto que presenciar el quehacer de la cocina me despierta un irrefrenable deseo de convertirme en una Babette (imaginada por Isak Dinesen –la de Memorias de África), una Vianne Rocher (Juliette Binoche en Chocolat), una Tita De la Garza (de Como agua para chocolate de Laura Esquivel). O, simplemente, en esa heroína de novela que pudo haber sido mi madre. Sin embargo, si me dan a elegir, indudablemente, prefiero ser comensal. Disfrutar de una buena comida es un placer de todos los sentidos que sólo unas pocas experiencias nos pueden ofrecer. Únicamente es preciso tener la precaución de no excederse, con el fin de evitar que ese maravilloso placer se vea arruinado unas horas después.

Esta entrada está dedicada a todas las mujeres y hombres de mi entorno que disfrutan con la buena mesa y, de vez en cuando, tienen a bien compartirla conmigo (una mención especial a los judiones de Concha -"espectaculares"- y a la leche frita elaborada magistralmente por su hija).







Ficha técnica: El festín de Babette (1987), Gabriel Axel


 Ficha técnica: Como agua para chocolate (1992), Alfonso Arau


 Ficha técnica: Chocolat, (2000), Lasse Hallström